Circulación coronaria
El corazón recibe irrigación de tres arterias coronarias principales que nacen en los senos aórticos, justo por encima de la válvula aórtica. La arteria descendente anterior izquierda (DAI) discurre por el surco interventricular anterior y suministra aproximadamente el 45% de la masa ventricular izquierda, incluyendo la pared anterior, el ápex y la mayor parte del tabique interventricular. La arteria circunfleja izquierda (CX) transcurre por el surco auriculoventricular izquierdo y perfunde las paredes lateral y posterior del ventrículo izquierdo, abarcando cerca del 25% del territorio miocárdico. La arteria coronaria derecha (ACD) recorre el surco auriculoventricular derecho para irrigar el ventrículo derecho, los nodos sinoauricular y auriculoventricular y, en la anatomía dominante derecha (85% de los individuos), la pared inferior del ventrículo izquierdo y el tabique interventricular posterior.
La perfusión coronaria es marcadamente fásica: durante la sístole, la tensión de la pared miocárdica comprime los capilares intramusculares, especialmente en el subendocardio, reduciendo o revirtiendo transitoriamente el flujo. En consecuencia, aproximadamente el 88% de la perfusión coronaria izquierda ocurre durante la diástole, cuando la pared ventricular está relajada. Esto convierte a la frecuencia cardíaca en un determinante crítico del aporte coronario: la taquicardia acorta la diástole de forma desproporcionada (a 180 lpm la diástole dura apenas unos 160 ms frente a los 500 ms a 60 lpm), reduciendo el tiempo de llenado y elevando el riesgo isquémico. El subendocardio es la región más vulnerable porque soporta la mayor tensión parietal y cuenta con menor circulación colateral. En la enfermedad coronaria obstructiva, la isquemia subendocárdica aparece primero, manifestándose como depresión del segmento ST antes de que la lesión transmural provoque la elevación del ST.